¿ Dónde voy a poner tanto odio? Me desvisto cauta, a oscuras y en silencio, pero ¿ dónde pondré tanto odio? ¿ dónde dejar la ciega rabia de haber visto las caras más amargas de la vida y aún así haber sido capaz de cantarle? La rabia fue la única fuerza que me quedó tras la verdadera belleza. Esa belleza que te obliga a ser humilde y saber que también el dolor significa algo, que la vida no es una sucesión de momentos placenteros ni se enfrenta con una sonrisa porque sino vas a perderte algo, porque el hierro se forja a golpes y no con flores, me dijo L. ¿ De qué paz pueden hablar los que nunca la perdieron? Quienes nunca escucharon la cordura quebrarse no reconocen ese segundo que le antecede, ese segundo donde haces sagradas las únicas horas por las que valió la pena estar con la mierda al cuello. Conozco la desesperación del vacío y eso me hizo consagrar y jurar defender hasta la última gota de sangre a todos mis amuletos. Cuando el amor propio se acaba , sólo queda vivir por amor a los demás. Veo en sus ojos el ansia porque termine de desanudarme el sostén, pero tengo miedo de que todo el vacío que tengo pueda más que las blancura de mis senos y salga corriendo , y de nuevo esta noche muerda las esquinas de la cobija para no gritar contra las paredes.Es inconcebible que la misma realidad de un vaso roto abarque esta noche con él. Me mira extrañado cuando río bajito y le agradezco. La realidad se extiende a otras personas, a otras verdades, pero ésta es la mía y me aferro a ella con todo. Deja que te la comparta, se cae el sostén, deja que sea la mujer oscura que te habla de abandonos y derrotas, deja que desprecie a las mujeres claras que embelesan tu corazón con huecas palabras " corre bajo la lluvia, lee muchos, ama a tu prójimo, sé la mejor versión de ti mismo" mientras en mi vientre voy sintiendo tus universos explotando. Deja que sea el silencio quien corrija nuestras disonancias, nuestras torpezas. Por favor, demórate un poco en mis labios que no lo hago por el placer ni por la soledad, sólo quiero olvidar otras manos esta noche.
viernes, 21 de agosto de 2015
Odio
La madera cruje conforme avanza la noche y sé que es el momento de desnudarme . Sé la dureza del día que se perfil tras esto y toda la tristeza que acabará de doblarme sobre el retrete para poder llorar a solas dos minutos sin levantar sospechas. Acaricio su rostro, con ese rostro tan hermoso podria gobernar el mundo , y en lugar de eso está compartiendo la misma almohada mugrosa de un hotel barato conmigo.
viernes, 14 de agosto de 2015
ocho
Ocho años juntos.Ocho días menos uno y es tu cumpleaños. Y preferiste pasarlo junto a ella en una de esas cervecerías rimbombantes que ni siquiera puedo pronunciar. Te hice un pastel ¿ sabes? y me puse el vestido que me regalaste en mi cumpleaños cuando la heroína y Betel todavía no nos distanciaban.Se me apagó la alegría con tus torpes balbuceos ,alguna excusa. Pero ella mismo me hizo saber que estaban juntos. Le regalé el pastel a un indigente y encendí un cigarro sin saber a quién marcarle. ¿ Contra quién podría apagar las lágrimas sin caer en el ridículo? El despecho es patético cuando se admite y aún así no podía tragármelo yo sola. El primero fue mi dealer siempre atento y dispuesto. Ocho gramos. Ocho líneas. Ahí quedó el dinero del hotel de lujo al que quería llevarte. Después a L. No quería que supiera el desaire, violento e irracional , sonaban en mis oídos las palabras de la última vez que lo busqué llorando" si ese hijo de perra te vuelve a hacer algo, lo mato a él y a la puta gorda que trae de vieja" Nunca pensé realmente en mi belleza hasta que una mujer mayor que yo, gorda y no digamos agraciada , se coló en las piernas del único hombre que realmente he amado en la vida. Contra los labios de L que no dejaba de alabar mi belleza de muñeca, según él, no podía sentir más que asco por mí misma. Las palabras desmintieron mi miedo al pedirle a él, solo a él que pasáramos la noche.
Me saludó con entusiasmo pero lo supo enseguida. Lo vi apretrar con dureza la mandíbula para no preguntar , me abrió la puerta del auto sin quitarse los lentes oscuros y ni una palabra más. Condujo hasta su casa sin cuestionármelo. Amo su jardincito , detalle que no concuerda en la vida de un hombre duro como L, sin embargo las gardenias y plantas aromáticas crecen orgullosas y sanas en sus manos. Flaca, ¿ le encargaste merca a Juan? me cuestiona duro. Asiento y me dice que le pida que se vean a unas ocho cuadras de su casa. Regresa y guarda los paquetitos en su armario. No lo cuestiono porque de memoria conozco su discurso de nada de drogas con tristeza.Se sienta en la cama y pasa su mano por mis hombros, pegándome a su pecho.
Nena, ya sé que hoy es su cumpleaños y por tu carita intuyo lo que pasa , no me lo digas. Yo no te puedo quitar lo que sientes y ten por seguro que ni un millón de jeringas podrán más que sepultarlo sin matarlo. Escúchame , ven, aquí en mi pecho ¿ lo escuchas? aquí está también mi corazón deshecho por verte preferir a alguien más, que ya ni digamos que te odia. Escucha su ritmo alterado por el peso de las palabras que me trago para no herirte, el peso de los besos que me exijo no darte. Eres endemoniadamente bella y te quieres comparar , con tus ojos heridos por el juicio del desaire, con una mujer que ha necesitado restregarte, mensaje a mensaje, foto a foto, que logró conseguir la atención de un hombre. Mírate con mis ojos, Venus, por piedad, mírate con la mitad de adoración con la que te veo . Siente tu cuerpo con mi deseo, escucha tus palabras con mi intelecto humillado por el tuyo. Ámate con mi amor que está completo para ti, nena.
Pasamos la noche sin llorar , con mucho sexo y pocas drogas. Al amanecer , tenía ocho llamadas perdidas. Ninguna suya.
jueves, 15 de enero de 2015
Adio Kerida
No sé cuántas maneras de decir adiós existan, porque un puñado de tierra no puede significar demasiado
https://www.youtube.com/watch?v=DdcusOXh_f8
https://www.youtube.com/watch?v=DdcusOXh_f8
Hermandad
Ninguna dijo
nada, sin embargo ella lo supo. Lejos del descaro, procuraba imitar su falta de
sonidos, comencé a mirarla fijamente, cada gesto atravesaba mis pupilas, la
mesura al abrir los labios, los dedos enrollando el cabello, el roce efímero
con la otra mano. Entre nosotras surgió la cordialidad “nada veo, nada sé” ante
los sudores ajenos que nos recorrían.
Apenas unas
palabras en la mañana, sin embargo, por las noches me abrazaba sollozando.
Querida mía, ojalá la ceguera fuera
suficiente, pero es imposible ignorar esa danza en tus sueños, rasgo terrible
de una enfermedad que nos hermana.
Bajo tu pulso encolerizado voy sintiendo
aquellos universos increíbles e x p l o t a n d o en un millón de estrellas
entre tu pecho y el mío
y
las rupturas
mis divisiones
mis obligaciones
Todo repitiéndose en ese orden, en otro
siglo…
Cocaína
¿A qué sabe la cocaína?
Recién descubro que no estoy
sola ¿Quién será él? ¿Será importante? ¿Está hablando conmigo?
A qué, muñequita, a qué. Me dice cantando
mientras se acerca y me besa el cuello. A qué, a qué.
Sabe a estar vacía, como estar
en la orilla de ti, preguntándote ¿qué diría mi mamá si me viera tan
intoxicada? ¿Qué diría si supiera que lo más cercano que he estado de la paz,
ha sido entre estas tres líneas? Qué diría si tuviera qué explicarle cómo todas
las tardes me lleno la nariz o las venas para que ya no me duela el paraíso
perdido.
Cómo le explicaría, por
ejemplo, que la cocaína me despierta para no cortarme las venas, salir a la
calle porque no soporto a nadie a menos que me abra las piernas. Eso. Mi
obsesión con el sexo no va más allá de esa manera desesperada de gritar, somos
un maldito puñado de mierda, no somos más que una orgía de lamentaciones,
bájate de tu maldito altar, no somos nada más allá. Quizás sea jueves y
deba ir con el doctor que me dice " aprendimos a no tenerle miedo a la
comida, ahora aprendamos a comer, ahora aprendamos a comer y no vomitar" y
esa cara de estúpida superioridad cuando confieso que no siento nada respecto a
ninguna cosa.
No se puede ser totalmente
indiferente ¿no lloraste por mamá?
Por eso nadie quiere a los
psicólogos cuando pierden la empatía. No estoy gritando, estoy mirando la
ventana pensando cuánta falta me hace un buen cigarro. Y el doctor me mira tras
su sonrisa petulante, diciendo que con tantos amantes no puedo ser insensible.
Son ejercicios simples, le digo mientras
me acerco a él y me siento en sus piernas, tomándolo por completa sorpresa, son
ejercicios repetidos hasta el cansancio. Es un simple roce, deje que lo
ilustre.
Tomarlo por la nuca y besarlo
sin pensar nada más que ese maldito cigarro, poner sus manos en mis caderas. No
soy hermosa, lo sé, pero los hombres son hombres. Sexo oral, penetración, semen
en el vientre, no digas nada, no sé qué me pasó, esto no es ético, dios mío.
Un pañuelo, sin muecas, y marcharse.
Complejo de Pizarnik, diría si
no tuviera temor a la hipocresía que demostraría al echarme a llorar. Ay,
Alejandra,las madres.
Mamá confundió la dirección al
teatro, y deberemos caminar horas por este barrio rico de la ciudad, mi
estrellita, la noche está muy crecida, justo a tu altura, solapas mi estupidez
con tu inmensa ternura, tu mano me
sujeta y las cosas van adquiriendo nombres más sencillos, inquebrantables en su
verdad. Más adentro en las horas, yo te cargaré, mi lucecita, cuando la obra ya
haya comenzado, y las cosas de adultos que aún no toman forma en tu mundo te
adormilen en mi pecho. Escucha mi corazón, su compás diciendo: te quiero, mi
niña, te quiero.
No no no. Para eso está la
cocaína, para no llorar. Para borrar los recuerdos y este sabor amargo que deja
saber que voy a morir sola.
A eso sabe la cocaína, le susurro antes de salir huyendo. A un inminente hundimiento.
Regresos
Respirar. Abrir los ojos y sentir el dolor
en todo el cuerpo. Quitar el brazo sea cual sea de la cintura, buscar la ropa
interior, vestirse, besar la frente de ambos, no hacer ruido al salir ni
correr, caminar. Esquivar las miradas a mi cabello, no vomitar en el transporte
público, pensar una canción, dormitar hasta sentir el golpe en el hombro del
policía. Caminar un poco más.
Llegar a casa, encontrarlo dormido, huir al
baño, escucharlo susurrar, temblar bajo sus brazos, agradecer el beso,
entrecerrar los ojos, sus palabras amorosas. No llorar. No pensar.
Dulzura
Que mis caderas eran tuyas, en un sentido más allá de lo erótico, me
dijiste con esa sonrisita torcida, que desde que la vi, intuí me llevaría más
rápido al fin del mundo. Te arrojé a la
cara un rosario de motivos para no volver a vernos, y tú, experta en abrir heridas, ibas
orillándome a tus brazos, cerrando mis salidas.
Y es que me dio miedo. En el fondo rogaba, te suplicaba que no me
explicaras jamás esa frase, aunque por fuera utilizara todos mis artilugios
para que me lo dijeras. Ya ves, princesa, que yo salí más tramposa que tú.
Aunque tú ya lo sabías, mucho antes de conocerme, me lo dijiste, soñabas
con que un día te toparías con una chica dispuesta a amarte a pesar de sí
misma, con más trampas que una mina abandonada, que prefería lastimarse a herir
a terceros, y tú estarías lista para…
No quise saber, preferí averiguar, sabes que soy terca, y que cuando se
trata de ti, me empecino en llevarme la contraria, pero tú me regresas a mí
misma, perdonas mi pasado por mucho que yo lo odie, me cuidas como la niña
asustada que en tus brazos me convierto.
Una vez me dijiste que yo podía volverme adictiva sólo con un vistazo, bueno, yo creo que tú resultas
más adictiva, con tu manera de hacerme
sentir desprotegida con un simple me gustas, o las ganas de llorar que a veces
me da tú sonrisita culpable, tu forma de hacerme reír, cuando me ves triste .Te
lo dije, no todos los días se encuentra a alguien como tú, aunque te rías.
Qué querías que hiciera, si me habían enganchado tus mensajes a
medianoche, con un simple, fly me to the
moon, que me erizaban la piel, o la fragilidad con que me pedías que me
quedara un poco más a tu lado. Si yo sé que nadie más esperaría pillarme
escribiendo tequieros en el espejo, si sé que no quiero que nadie más entienda
por qué lloro cuando veo gardenias.
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